Durante su infancia, algunos niños la viven de una manera muy trágica.
Me refiero a aquellos niños que viven en hogares tan sumamente desestructurados que los servicios sociales no tienen otra opción que alejar al niño de su domicilio habitual.
Cuando esto pasa, los niños pasan a los centros de atención residencial o centros residenciales, donde permanecen el tiempo que sea necesario hasta que se tome una decisión respecto a su futuro.
Cuando los niños llegan a estos centros, sienten una sensación de tristeza, de que están solos en el mundo, por eso es muy importante la labor de los educadores que trabajan en estos centros, ya que les deben dar en todo momento confianza y mostrarles afectos para que puedan superar este trauma.
Algunos niños, cuando llegan a estos centros, se muestran agresivos, o tienen problemas de relación con los propios compañeros que hay en el centro o con el personal educativo, por lo que es muy importante que demos tiempo y comprensión para que los menores puedan adaptarse al nuevo entorno donde tienen que vivir.
Cuando se da una situación así, los servicios sociales intentan que el menor pueda regresar con su familia, porque donde mejor puede estar un niño es con sus padres y familiares, siempre y cuando las relaciones con estos no le perjudiquen.
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